El cuerpo del vino. ¿Cómo identificarlo?

Valoraciones sobre el cuerpo del vino (“este vino tiene un buen cuerpo”, “este vino tiene mucho o poco cuerpo”) os serán familiares por haberlas escuchado o leído en más de una ocasión. ¿Pero dónde está el cuerpo del vino? Hoy os vamos a enseñar a identificar el cuerpo en el vino, sus características y los factores que en él influyen.

El gusto y el cuerpo del vino

Lo primero que necesitáis saber es que cuerpo del vino es una de las principales características que lo definen, que tiene que ver con su densidad y consistencia y que aumenta según aumentan éstas. Las particularidades relativas al cuerpo de un vino se pueden intuir ya en la primera fase de la cata, la visual, ya que a mayor cuerpo, el vino es gana en opacidad mientras su color toma mayor intensidad.

Se dice que los vinos con mucho cuerpo “llenan la boca”. Esta metáfora visual describe de un modo muy gráfico la sensación que producen cuando se prueban: casi parecería poder masticarlos. A estos vinos se les llama también “vinos de copa lenta” y no os será difícil deducir que la lentitud de esta expresión tiene que ver con la manera en la que es conveniente consumirlos: con tranquilidad y a tragos cortos.

Además de ser de consumo “lento”, los vinos de gran cuerpo se suelen disfrutar maridados, es decir, acompañados de alimentos, más contundentes cuanto más intenso sea el vino de forma que vino y alimento compensen sus fuerzas.  

El cuerpo y la calidad del vino

En este punto, quizás os preguntéis si el tener más cuerpo hace a un vino mejor. Puede que, incluso, lo deis por sentado. Una vez más, tenemos que preveros de que no es posible ofrecer una respuesta contundente en este sentido. ¡Depende!

En general, los vinos jóvenes tienen menos cuerpo que los vinos de crianza ya que el paso por la madera influye en el desarrollo del cuerpo. Pero para que un vino con cuerpo sea un buen vino es vital que goce de buena estructura y equilibrio. De otra manera, resultaría demasiado astringente y provocaría una sensación fuerte y desagradable al probarlo.

Mención aparte merece el capítulo de los gustos personales ya que los vinos con mucho cuerpo, incluso los buenos, no resultan gratos para todos los paladares precisamente por la intensidad de las sensaciones que provocan.

Por otro lado, existen excelentes vinos jóvenes de los que no cabe esperar que tengan mucho cuerpo sino todo lo contrario: que sean ligeros y fáciles de beber.

Otros factores que influyen en este parámetro, además del paso por barrica (por ello, se suele asociar mayor cuerpo con mayor edad), son el grado alcohólico, la presencia de taninos o el tipo de elaboración del vino (por ejemplo, si se ha filtrado o no).

Cómo hablar del cuerpo

Una vez que se sabe el cuerpo de un vino y si su estructura está equilibrada con el mismo, no es difícil describirlo con palabras: se puede decir que el vino tiene mucho o poco cuerpo y se puede calificar en una escala de ligero, medio o pesado, untuoso o viscoso, por ejemplo.

Como siempre, desde este espacio os animamos a experimentar: aprovechad distintas ocasiones para probar vinos con mayor o menor cuerpo. Más pronto que tarde conseguiréis identificarlo y aprenderéis a definirlo. ¡Y tampoco os costará mucho tiempo averiguar la reacción de vuestro paladar a su intensidad!

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Bodegas Montecillo

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