EN BODEGAS MONTECILLO ENTENDEMOS EL VINO COMO UNA FORMA DE VIDA. EN ESTE ESPACIO PODRÁS DISFRUTAR Y APRENDER UN POCO MÁS SOBRE VINO, GASTRONOMÍA Y ENOTURISMO.

El terruño y su importancia

“Terroir” es un término francés que en su traducción al castellano se transforma en esa palabra tan evocadora que es “terruño”. No debéis confundir terruño con “tierra” ya que, aunque ambos términos están relacionados, el concepto se quedaría corto.

Al hablar de terruño nos referimos a las propiedades geográficas que afectan al suelo y que confieren a la viña y a la uva unas determinadas propiedades. Esto significa, por ejemplo, que el vino elaborado con una misma variedad de uva proveniente de dos terruños distintos se diferenciarán, y no poco. Como no nos cansamos de repetir: ¡El vino se empieza a elaborar en la viña!

Clima y suelo

Dentro de las características del terruño se incluye el clima (por ejemplo, en La Rioja Alta predomina el clima atlántico) y la edafología, que es la ciencia que estudia la naturaleza y la composición del suelo en relación a las plantas que en él se desarrollan.

Un determinado clima puede abarcar de forma homogénea una zona más o menos extensa pero en ocasiones, es posible que se desarrollen microclimas en zonas pequeñas, donde los parámetros como las temperaturas, precipitaciones, vientos o presión atmosférica se desmarcan claramente del clima de la zona.

Más común es encontrar distintos tipos de suelo dentro de la zona de influencia de un mismo clima lo que, como ya hemos comentado, marcará diferentes características en la uva que en él se cultiva y, como consecuencia, en el vino.

Propiedades y tipos de suelo

De forma general, podemos diferenciar las propiedades del suelo entre las físicas y las químicas.

1. Propiedades físicas del suelo

La textura. Se trata del contenido relativo de partículas de diferente tamaño y abarca desde los suelos arenosos (de textura gruesa) a los arcillosos (de textura fina). El suelo que presenta proporciones óptimas de partículas y, por tanto, el idóneo para el cultivo, es el denominado suelo franco.

 

 

Se dice que la viña prefiere suelos arenosos, sueltos, que no le limiten la aportación de agua y nutrientes. A partir de los suelos arenosos se producen vinos suaves, muy aromáticos y elegantes. A medida que aumenta la proporción de arcilla o textura fina, el suelo retiene el agua y los nutrientes en mayor medida. La consecuencia es que aumenta la complejidad del vino, su color y extracto. No conviene que la arcilla supere el 45% de la composición del suelo ya que, en ese caso, la viña puede tener problemas en su desarrollo vegetativo.

Se dice, incluso, que la viña tiene una predilección especial por los suelos de pedregosidad alta, es decir, los formados por “cantos rodados”. Esto es así porque este tipo de partículas de gran tamaño, evitan tanto la erosión como la pérdida de agua: en el caso de los viñedos en secano de Bodegas Montecillo, estos suelos aportan un plus de calidad al mantener las prácticas en buen estado hídrico. Además, al disminuir la cantidad de materia orgánica de la planta se contiene su vigor y fertilidad.

La estructura. Está relacionada con los agregados que forman las distintas partículas del suelo entre ellas y con el agua, de forma que las superficies formadas pueden ser más o menos granulares o laminares. Éstas últimas dificultan la penetración de las raíces, la aireación y la disponibilidad de materia orgánica. La viña necesita todo lo contrario: suelos con una estructura suelta, bien aireados y que aporten una buena disposición de nutrientes.

2. Propiedades químicas del suelo:

 

 

 

Materia orgánica. Para cualquier cultivo, poder disponer de los nutrientes necesarios para realizar sus funciones biológicas es fundamental. Ahora bien, es importante que la disponibilidad no sea excesiva para que los viñedos no sean productivos en exceso, generen una gran cantidad de hojas y otro material vegetativo en detrimento al desarrollo óptimo de la uva.

 

 

Contenido en componentes inorgánicos. La mayor o menor cantidad en los suelos de hierro, calcio, fósforo, magnesio, zinc, carbonatos o sales, entre otros, determinarán en gran medida la disponibilidad de nutrientes y agua así como las características de los vinos, principalmente en los horizontes superiores del suelo, útiles para las raíces.

 

Así, los suelos pizarrosos favorecen grados alcohólicos altos y notas minerales en el vino, incluso a veces tostadas. Los vinos que provienen de suelos calcáreos son vinos con baja acidez y también con buen rendimiento alcohólico. Por su parte, el alto contenido en hierro favorece la fotosíntesis, lo que deriva en un mayor contenido polifenólico.

El suelo de nuestras bodegas

En nuestras viñas de La Rioja Alta encontramos distintos suelos en los que se cultivan las variedades de uva que mejor los pueden aprovechar:

  • La Viura se cría en suelo arenoso, algo calcáreo, en viñas de más de 65 años.
  • La Tempranillo en suelo arcilloso y rico en materia orgánica.
  • La Sauvignon Blanc en suelo más fresco y canto rodado en la pendiente.

Como veis, no son pocos los factores que afectan a la composición del suelo de los viñedos. La combinación de éstos y las diferencias climáticas con las que conviven nuestras viñas hace posible que existan multitud de ‘terroirs’ o terruños y que podamos disfrutar de las maravillosas diferencias y matices que se aprecian en el cultivo de las mismas variedades. ¡La belleza del vino!

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