La tercera bodega más antigua de la DOCa Rioja lanza una experiencia de apadrinamiento que permite seguir el ciclo de la vid y formar parte de su historia centenaria.

Madrid, 25 de febrero de 2026. – Hay vínculos que, al igual que los grandes vinos de Rioja, no se explican, se cultivan. Con la llegada del Día del Padre, Bodegas Montecillo propone un regalo que, como la relación entre padres e hijos, crece, florece y madura: el apadrinamiento de una cepa. Una propuesta, pensada para los más amantes del mundo vitivinícola, que permitirá a padres y enamorados del mundo del vino apadrinar con su propia vid dentro de la tercera bodega más antigua de la DOCa Rioja. Un regalo que invita a formar parte del legado de más de 150 años de Bodegas Montecillo, porque tanto la paternidad como la viticultura, son un ejercicio de paciencia, dedicación y una amor inquebrantable.
Las cepas disponibles para apadrinar se encuentran en uno de los viñedos más especiales de Bodegas Montecillo, el primero 100% ecológico. Situado frente a la bodega, este viñedo de tres hectáreas es un lienzo vivo donde se materializa el compromiso de la bodega con la sostenibilidad. Aquí, la protagonista absoluta es la Garnacha tinta, cultivada bajo la filosofía de producción “desde el origen”: una apuesta de Mercedes García Rupérez, enóloga y directora técnica de Bodegas Montecillo, por la frescura y la pureza frutal que minimiza el peso de la madera para dejar que sea la tierra la que hable en cada copa.
El regalo comienza con un gesto cargado de simbolismo: poner nombre a la tierra. Cada padrino verá su nombre, o aquel que desee escoger, grabado en una placa instalada al pie de su propia cepa. Como certificado de este vínculo, el padrino recibirá un diploma en el que se acreditará su apadrinamiento. La propuesta de Bodegas Montecillo permitirá, además, acompañar las distintas etapas del ciclo natural de la vid, convirtiendo el paso de los meses en parte esencial del regalo y permitiendo al padrino ser testigo de su evolución.
Durante los meses de crecimiento, Bodegas Montecillo hará llegar al padrino muestras de la evolución de su vid. Bajo la mirada experta de Mercedes García Rupérez y el equipo de viticultura, el padrino podrá seguir de cerca los hitos fundamentales que definen el ciclo de la garnacha, descubriendo cómo la vid cobra fuerza y personalidad propia en cada etapa. La experiencia ofrece también un encuentro con la vid apadrinada a través de una visita privada al viñedo y a la bodega, una oportunidad única para que padre e hijo paseen juntos entre las hileras de cepas y respiren la historia de la bodega centenaria. El regalo se completa con descuentos exclusivos en la tienda física y en experiencias en bodega, invitando a que cada regreso a Bodegas Montecillo se sienta como volver al hogar.
Este Día del Padre, Bodegas Montecillo ofrece no solo un regalo único, sino la oportunidad de ver cómo el amor y el cuidado se transforman, año tras año, en un legado que se puede beber, sentir y recordar. El apadrinamiento de una cepa de Bodegas Montecillo tiene un precio de 80,00€ al año e incluye un certificado personalizado, una placa identificativa en la cepa, seguimiento de los principales hitos del viñedo de la mano de Mercedes García Rupérez y del responsable de viticultura, una visita a la bodega y al viñedo con una guía especializada durante el periodo de apadrinamiento y descuento preferente en la tienda física de Bodegas Montecillo, así como en experiencias en bodega. El apadrinamiento podrá realizarse a través de la web, del teléfono 941 440 125 o enviando un correo a info@bodegasmontecillo.com.
SOBRE BODEGAS MONTECILLO
Fundada en 1870 por don Celestino Navajas Matute y adquirida en 1973 por la familia Osborne, Bodegas Montecillo es la bodega más antigua de Fuenmayor y la tercera bodega más antigua de la D.O.Ca. Rioja. Su compromiso con la excelencia y su apuesta por la calidad le han convertido en uno de los referentes de larga guarda a nivel mundial. Sus calados subterráneos albergan añadas desde 1926 además de un impresionante botellero manual, donde cientos de botellas de Gran Reserva se apilan a mano unas sobre otras, sin ningún soporte y con tanta precisión y firmeza que se podría andar sobre ellas. Un proceso tan artesanal como ancestral, donde el vino descansa intacto hasta alcanzar la máxima calidad que ofrece el poder reductor del paso del tiempo. El resultado son vinos que reflejan el espíritu visionario de dos grandes familias apasionadas por el vino; el legado centenario detrás de un nombre eterno: Montecillo.